QUEJAS Y REPROCHES
Os invitamos a mirar dos conversaciones que se dan a menudo en nuestro ámbito familiar. Entendemos que son dos conversaciones con características diferentes y por ello separaremos las quejas y los reproches. Hablaremos de quejas cuando llevamos un malestar que nos está afectando y que no está relacionado con nuestro interlocutor, no está implicada la persona con la que estoy hablando, en casa me puedo quejar del trabajo, del atasco, de correos .. . Hablaremos de reproche cuando ese malestar lo relacionamos directamente con nuestro interlocutor, estoy haciendo un reproche cuando hago responsable de mi malestar a la persona con la que estoy hablando. En estas dos primeras entradas haremos una mirada a la queja y al derecho a quejarse.
Os invitamos a mirar dos conversaciones que se dan a menudo en nuestro ámbito familiar. Entendemos que son dos conversaciones con características diferentes y por ello separaremos las quejas y los reproches. Hablaremos de quejas cuando llevamos un malestar que nos está afectando y que no está relacionado con nuestro interlocutor, no está implicada la persona con la que estoy hablando, en casa me puedo quejar del trabajo, del atasco, de correos .. . Hablaremos de reproche cuando ese malestar lo relacionamos directamente con nuestro interlocutor, estoy haciendo un reproche cuando hago responsable de mi malestar a la persona con la que estoy hablando. En estas dos primeras entradas haremos una mirada a la queja y al derecho a quejarse.
¿QUIEN SOY YO CUANDO ME QUEJO?
Soy una persona que valoro y disfruto muchos aspectos de mi vida, me muevo en el mundo de relaciones tomando mis decisiones y aceptando sus consecuencias. También veo que a veces no aparezco con toda esa fuerza. A veces siento un malestar y la única cosa que quiero es expresarlo, sacarlo fuera sin que me importen las consecuencias. En estos momentos estoy reaccionando a lo que tengo a mi alrededor. Por un instante renuncio a liderar mi vida y me centro en lo que estoy sintiendo, sin querer gestionar mis emociones. Quizás son cosas muy importantes o quizás son pequeños detalles, en estas ocasiones son mi motivo para quejarme. Todos tenemos motivos para quejarnos. Quien no se queja es porque no quiere.
¿Cuan consciente soy de por qué me quejo? ¿Hasta qué punto soy capaz de reconocer esta necesidad puntual y me permito este espacio de pura reacción? ¿Qué me pasa cuando me impacta una situación desagradable y no me quejo ni gestiono las emociones que me provoca?
¿VALIDO MI DERECHO A QUEJARSE ME?
A veces necesito un espacio para expresar mi malestar sin haberlo de explicar. A veces necesito que me escuchen y no me importa que me entiendan. A veces sólo necesito que mi entorno sepa que estoy mal. Este es mi derecho a quejarme.
¿Qué saben las personas que conviven conmigo de esta necesidad? ¿Cómo veo que responden ellas a mis quejas? ¿Qué me pasa cuando el otro se me queja a mí? ¿Cómo respeto también su derecho a quejarse?
¿CUAL ES MI ESPACIO PARA QUEJARME?
En mi vida hay un espacio especial, un espacio que comparto con las personas adultas que amo, un espacio donde me permito ser yo mismo y aceptar también mis debilidades, quizás es mi pareja, quizás es una amistad especial o un familiar. En este espacio me puedo sentir cómodo para expresarme desde la queja sin querer nada más. En este espacio también me muestro dispuesto a escuchar al otro en su malestar sin querer ofrecerle nada más. Cuando me he expresado es más fácil para mí reconocer que la queja no es constructiva y puedo recuperar mi liderazgo para solucionar mi situación.
¿En que mediada consciente soy de que quejarme es renunciar a mi liderazgo? ¿Como quiero reaccionar a las quejas de los que me rodean?
¿A DONDE ME LLEVA QUEJARME?
Sé que cuando me quejo estoy haciendo responsable a otro de mi situación. Sé que cuando me quejo no estoy mirando la solución. Quizás a veces quejarme y ser escuchado me permite relajarme y ser capaz de hacer una nueva mirada que me permita, al fin, ver nuevas posibilidades. A veces también me encuentro que compartir mi queja con un interlocutor me ata más a mi malestar y aparece un malestar en el otro. Cuando no reconozco esta situación la queja se puede convertir en una coraza que no me permita avanzar.
¿Qué necesito para aceptar mi responsabilidad y renunciar a la queja? ¿Cuán importante para mí es solucionar la situación que provoca mi malestar?
¿QUÉ TENGO PARA SALIR DE LA QUEJA?
Tengo un espacio especial para quejarme y un interlocutor en el que puedo confiar. Soy capaz de ver cuando en nuestra conversación también aparece un malestar en el otro, quizás me llevará con palabras o quizás lo notaré con su forma de estar, puede que le note a la defensiva o que lo sienta más agresivo, o puede ser que que de repente mi interlocutor deje de escucharme para solucionar el mismo mi queja. En este momento sé que mi interlocutor me está avisando que mi queja no lleva a ninguna parte. En este momento dispongo de mi respiración para volver a encontrar. Respiro y me tomo el instante que necesito para reconocer dónde estoy y donde quiero ir. Ahora de nuevo soy capaz de agradecerle al otro lo que me muestra de mí y ofrecerle mi compromiso para seguir adelante.
¿En qué situaciones veo que ya estoy siendo plenamente capaz de aparecer comprometido a seguir adelante dejando atrás la queja? ¿Cuál es un tema en el que todavía sigo pegado a la queja y en el que ahora quiero probar a respirar?
Os invitamos a revisar cómo la queja aparece en vuestras relaciones y cómo deseáis que aparezca de hoy adelante. Vuestros comentarios nos servirán a todos para conocernos un poco mejor.
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